La dinámica de los cambios

Estamos de regreso de un viaje de tres semanas por la India. Después de visitar algunas organizaciones en el noreste y sud del país, nos quedamos con la sensación que, efectivamente, la pobreza tiene la misma cara y problemas muy parecidos en todas partes (salvando las enormes diferencias y circunstancias culturales): dificultades para acceder a la educación básica, desnutrición infantil, falta de recursos mínimos para progresar económicamente, etc.

Las Prácticas Profesionales Solidarias del SUD, y en general la actividad de cooperación de ESADE ha estado muy focalizada en América Latina o el ámbito local. Quizás, con el inicio de contacto con organizaciones que trabajan seriamente en Asia, podamos llegar un poco más lejos, sumar entre todos.

Del viaje me quedo con la imagen de las mujeres dalit o intocables con las que trabaja la Fundació Vicent Ferrer en Andhra Pradesh.

¿Qué gran cambio representa desayunar un poco de cereales cada día y un huevo 3 días por semana? ¿Qué gran cambio representa tener una vaca que genere un excedente de 20 litros al día?

Quizás ahora para una familia representará comer 3 veces al día en vez de una sola. O quizás disponer de un poco de dinero para comer algo de carne, o mejorar las condiciones de la vivienda, o ahorrar para futuros estudios.

Con el paso del tiempo, en una generación, el ejemplo de una nueva manera de vivir será una realidad habitual. La consolidación de lo ahora excepcional. Con pequeñas acciones, sin hacer mucho ruido, con la perspectiva del tiempo, grandes cambios.

La dinámica de los cambios es lenta pero constante. Con voluntad, con perseverancia, son como el río, no se detiene. Flyuen con el tiempo.

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Cinco semanas

Los del SUD ya estamos de vuelta a la oficina. Cinco semanas vistando a las contrapartes con las que trabajamos en Bolívia, El Salvador, Guatemala, Nicaragua, Honduras y Costa Rica. E incluso tiempo para visitar algún posible nuevo proyecto en Chiapas.

El resultado del viaje: vínculos con las contrapartes fortalecidos, buenos trabajos en 2011 y interesantes proyectos para esta nueva edición 2012. Desde un plan de desarrollo de un departament de gestión de riesgos para una microfinanciera, hasta un plan de negocio para una nueva linea de producto derivado del frijol para exportación, pasando por asistencia legal a mujeres indígenas de escasos recursos o sistemas de evaluación del desempeño.

Empieza uno de los momentos más interesantes del curso para el SUD: la assignación de plazas. Con ello, el sueño de nuestros alumnos de viajar al sur y aportar algo con su trabajo empieza a tomar forma. Será en Nicaragua, quizás en El Salvador. Misterio a resolver en los próximos días.

FOTO: terminando la reunión con Óscar Rodríguez sj y los jóvenes de Tsumbal Xitalha y Bats’il Maya. Chilón, Chiapas Norte, México. Febrero 2012.

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Conversaciones con un taxista en Guatemala

Estoy terminando la tercera semana de mi viaje por América Latina. Es la segunda vez que estoy visitando a los responsables de las organizaciones por las que nuestros estudiantes trabajan. Es reconfortante oir con sus propias palabras lo útil que les resulta la mirada externa de nuestros alumnos. Aun a sabiendas que están poco tiempo (entre ocho y doce semnas) las dinámicas de trabajo, los puntos de vista, las actitudes enfrente del trabajo, el compromiso con el proyecto, satisface a quienes los reciben durante semanas y les abren las puertas de sus casas.

Ayer estaba de regreso de Cobán. Un a vez llegado a la capital, Ciudad de Guatemala, busqué un taxi para desplazarme al hostal. Todavía no has bajado les autobús y ya oyes los gritos de “taxi! Taxi!”. Por norma, al primero digo que no, me aparto un poco, y observo los taxistas. Hay algunos que se hacen pasar por taxistas y no lo son, y te puedes encontrar en un aprieto. Hay que encontrar uno de los oficiales. Se me acerca un señor de edad avanzada y respetuosamente me dice “taxi señor?”, le pregunto si tiene un taxi blanco (los oficiales) y extrañado me enseña su auto: un coche pequeñito de color verde que, sin lugar a duda, no es un taxi oficial. Me inspira confianza, pactamos el precio y nos ponemos en marcha.

A los cinco minutos de conversación sobre el tiempo y el partido de Champions del Barça (va a empezar en 20 minutos) me pide por qué le pregunté por un taxi blanco. “Son los taxis oficiales”, le indico. Suspira y me comenta que él es del servicio de taxis de la empresa de autobuses (al menos lleva un polo que así le identifica). No ponen publicidad en los coches porque sino las bandas les piden la comisión. La empresa de autobuses paga comisión para que no asalten sus autobuses. El hombre que mataron la semana pasada en una de las rutas, fue una excepción: lo liquidaron de 5 balazos y nadie del pasaje se dió cuenta (con silenciador). Era medio político.

Avanzamos en la carrera,  y también en la conversación. Ya hemos llegado a la puerta del hotel, pero seguimos hablando sobre lo mucho que tiene el país, y lo mal repartido que está: legado cultural, riqueza y recursos naturales, minerales, bosques, tierras fértiles,… Se siente impotente, “como mínimo puedo desahogarme con algunos pasajeros”, se excusa. Parece que una gran parte de la gente del país ya no tiene a nadie en quien confiar. Resistir. Subsistir.

Nos despedimos “Dios le bendiga, caballero”, y me quedo pensando en la gente que he visitado los últimos días. Qué suerte la mía, conocer a los que aun en un entorno hostil y descorazonador, siguen al pie del cañón para dar apoyo a los que más lo necesitan, en un país tan rico y bonito.

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Primeras sensaciones en Bolivia

Me encuentro “de salida” de Bolivia, camino de Guatemala. Revisando los proyectos del curso anterior y releyendo notas de los alumnos, encontré esta primera impresión del país escrita desde el aeropuerto, recién llegados. Un buen punto de partida para los que se internarán a Bolivia este 2012… y una buena reflexión para cerrar mi visita al país.

“Llevamos más de 6 horas en este aeropuerto. La espera se hace larga,  tediosa, infinita. Sabemos que nos quedan 3 horas y media por delante y más que la paciencia parece que se han roto las ganas. Estoy cansado y ha llegado al momento en el que me da igual esperar más, aunque no tenga mucha gana de hacer nada. La resignación me ha envuelto con sus brazos y no parece querer soltarme.

Fuera mientras tanto hace sol. Es curioso, el magnetismo del astro rompe voluntades. Dan ganas de salir a disfrutar de él, y que cojones lo voy a hacer. Fuera el clima es cálido. Son las 10.00 de la mañana de un día de invierno y sin ser sofocante, el calor es considerable. Maravillas del clima tropical.
Me siento en la base de una farola y contemplo, solo miro, no pienso, no siento. No sé, me da la sensación de que estoy ante un país con una injusticia que va más allá del tópico, una injusticia enraizada en lo más profundo del ser de este estado. La primera impresión que me llevo del país es cruda, real como el vivir. Me rodean campos de cultivo, el aire lo reafirma con sus olores. Así es la realidad, seca y tosca como un ladrillo.

Campos y campos de tierra rica parecen surcar estas tierras, seguramente las suficientes para dar de comer al menos a tres Bolivias, y sin embargo el país sigue hundido en la miseria. Que jodido es que en la suerte tenga depositadas sus esperanzas el desafortunado. Parece ser que tenía razón mi amigo “el argentino” cuando me contaba que en Bolivia se me abrirían los ojos. No llevo ni un día y ya han empezado a hacerlo.

Impresiones al sol en una soleada mañana del oriente Boliviano.”

Íñigo, Bolivia, Julio 2011.

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